PASARELA, por Valeria


Esa pequeña felicidad consumista de llegar a casa estilo Julia Roberts con las manos llenas de bolsas, sintiéndote atractiva de pensar en tu cuerpo enfundado en los nuevos conjuntos, no tiene precio. Y la cara de asombro de mi chico al verme entrar, tampoco. Le encanta que me compre cosas y que cuide mi imagen, que me vea guapa y me sienta sexy y adora que, no solo le enseñe mis adquisiciones, sino que me las pruebe y pose para él. Una a una me probé todas las prendas y lo fui calentando con movimientos sexys y miradas atrevidas y él respondía con comentarios tipo, “Ese pantalón te hace un culito…” o “Ese escote te queda genial”.

Con la última prenda, un vestido color carmín entallado y con vuelo en la falda, me acerqué un poco más al sillón donde estaba sentado, sabiendo que dirigiría su mano a mi pierna. Desde que la rozó, sonreí haciendo un bailito con las caderas, mirando  el recorrido de su mano por mi rodilla, hasta que desapareció debajo de mi falda. La subió por la cara interna de mi muslo lentamente, tardando en llegar hasta la ingle y sorprendiéndose al comprobar que no llevaba braguitas. Sus dedos no tardaron el bañarse en mi jugo y ya lubricados comenzaron en delicioso masaje sobre mi clítoris. Como conectados con él, mis ojos se cerraron para que lo disfrutara plenamente y mi mano acertó a encontrar la cabeza de mi chico y se entretuvo en su pelo. Movía sus dedos de manera muy dulce y suave, metiéndolos un poquito y curvándolos de modo que no dejaran de tocar el clítoris, lo que hacía que gimiera a su compás, esclava del placer.  No hizo falta que acelerara el ritmo. Poco a poco empecé a sentir más y mis gemidos se hicieron más seguidos cuando todo ese placer se comenzó a acumular hasta hacerme estallar en un orgasmo suave y largo.

Abrí los ojos y vi el pantalón abultado de mi chico y su mano apretándolo. Se lo comenzó a bajar y su pene, grande y duro quedó expuesto. Me coloqué a horcajadas sobre él y con la mano le indiqué el camino. Mis labios le dieron un beso húmedo y mi chochito se lo tragó sin dilaciones, haciendo que los dos suspiráramos. Moví las caderas sin despegarme, haciendo que entrara todo, sintiendo lo duro que estaba, para después empezar a moverme, subiendo y bajando con más fuerza, sintiéndolo todo, gimiendo los dos hasta corrernos intensamente, broche de oro a una tarde perfecta.

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