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DIVERSIÓN VERANIEGA, por Valeria.

Toalla anudada a la altura del pubis, entró en el dormitorio todavía con el pecho mojado y el pelo dejando caer alguna gota sobre la alfombra. Sentadas sobre la cama, interrumpió nuestra conversación, descalzo, parándose y poniendo las manos en la cintura, encogiéndose de hombros.unnamed

 

“¿Ya estás limpito?”, preguntó Tania con cierto tono.

“No seas boba”, dijo Brenda.

“Solo pregunto…, como estaba tan preocupado por su olor corporal…”

“Después de todo el día haciendo chapuzas, te aseguro que es mejor que se lave las manos…”, dije quitándole importancia, abordándola con un beso, calmando un poco el pequeño genio amelocotonado que le hervía por dentro.

“Se ve que no soy suficiente para ella…”, dijo Brenda funchando.

“No es eso”, respondió Tania sintiéndose mal.

Bajé por su largo cuello, llegando a la clavícula besos a beso, pasando al hombro, dejando que se derritiera mientras Brenda contribuía con su parte, sacando con sus labios la pasión de su lengua.

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Se empezó a dejar caer sobre la colcha, disfrutando los besos, las caricias, el roce de los labios sobre su piel, todo bajo la mirada de mi chico, al que observé de reojo, mirándonos embelesado, mientras se le empezaba a levantar la toalla con descaro.

Juego de toallas, empezamos unos a uno a tirar por los nudos propios que nos ataban, liberando los cuerpos de los atavíos, condenándolas en el suelo, dejando que la piel se abriera, igual que las piernas de Tania frente a mi chico, que se mojó los labios, preparándose para la batalla.

La imagen era espectacular. Mi chico saboreaba a Tania sin pararse a respirar mientras Brenda y yo turnábamos nuestras lenguas con la suya. Era un placer sentir sus gemidos resonando en mi garganta y comprobar lo excitada de su respiración al acariciar su pecho y bajar por su ombligo, continuando hasta rozar el pelo de mi chico.

Sentía mis labios ya mojados cuando unos dedos empezaron a hurgarlos, cogiéndome por sorpresa, dejándome hacer en lo que recibía un guiño de su dueño, con media cara cubierta, de incógnito, bajo otras piernas, sin parecer perder el ritmo, sin prisa pero sin pausa.

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El olor a jabón, a piel húmeda y fresca, fue desapareciendo, dando paso a otro más intenso, el del chapoteo de los sexos. Cada uno con su aroma propio, la mezcla, exquisita, excitaba aún más y producía más aroma, mientras empezaban mis gemidos a coro al sentir los dedos de mi chico taladrarme, entrando y saliendo, empapados.

El cuerpo de Tania pronto empezó a arquearse, a acumular placer, jadeando con fuerza. Mi chico aguantaba su culito con fuerza para que no se le escapara, apretando su cara entre sus piernas, sorbiendo su clítoris hasta que se corrió en su lengua, gimiendo sin parar, dejándose caer en la colcha, temblando, sonriendo.

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“Ahora le toca a chico descansar…”

No fue una pelea ni una lamió más que otra, fue un juego en el que lo  compartimos entre besos, rozándonos, perdiéndonos en el trayecto cuando nuestros labios se acercaban demasiado, como imanes de deseo.

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Tania en medio y Brenda y yo a cada lado, lo rodeábamos, enredando nuestras lenguas, que parecían triplicar su longitud en el ansia de abarcar su carne

Cada una a su ritmo, sin pisarnos, seguimos. Brenda le robaba el puesto a Tania cada vez que ésta se distraía besandome; llegando hasta el fondo de su garganta sin atragantarse, chupando con fuerza mientras miraba de reojo nuestros labios jugar y a mi chico resoplar.

De vuelta en su sitio, la delicadeza de los labios de Tania se desvivía en mimos a su glande, degustándolo como a un rígido polo, lamiéndolo con coquetería, mientras sus manos amasaban más abajo.

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A su derecha, recorría mi lengua su tronco sin descanso, pellizcando con una mano la nalga de mi chico, y con el pulgar de la otra mano, hundiendo y girando sobre sí mismo uno de los pezones de Tania, tan rígido, tan tierno, tentadora guinda de placer.

Las tres a la vez dejamos de lamer cuando mi chico empezó a jadear en exceso, probando al unísono la deliciosa gotita blanca, premonición de éxtasis que aventuraba, colofón final de placer, que no duchó enteras.

 

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